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Aprender con o sin espacios verdes. No es lo mismo. Según un estudio español, los niños escolarizados en colegios con parques alrededor o árboles en el patio tienen mejor desarrollo cognitivo que aquellos que carecen de zonas con vegetación. “Es la primera vez que se demuestra tal asociación en el mundo”, subraya Mark Nieuwenhuijsen, uno de los investigadores implicados en este trabajo y coordinador del Programa Contaminación Atmosférica del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL).

Junto al director del trabajo, Payam Dadvand, y a Jordi Sunyer, ambos investigadores del Centro aliado ISGlobal (CREAL), han realizado a lo largo de un año cuatro pruebas de memoria cognitiva (cada tres meses) a casi 2.600 niños de primaria de varios colegios de Barcelona (36), con edades comprendidas entre los siete y los 10 años. De forma paralela, a través de satélite, se han medido los espacios verdes dentro y fuera de las escuelas.

 

Con estas pruebas “hemos demostrado que con zonas verdes, el desarrollo cognitivo mejora un 5%, un porcentaje muy significativo”, apunta Nieuwenhuijsen. Se observan puntuaciones mayores en la “capacidad mental para manipular de forma continua y actualizar las facultades de información conocidas como memoria del trabajo y memoria del trabajo superior, respectivamente”. Es decir, la rapidez con la que el cerebro procesa información sencilla y compleja. Además, los autores han observado también una reducción de la falta de atención, “independientemente de la etnia, la educación de la madre y el empleo de los padres”.

Cada incremento del rango intercuartil de verdor total circundante estaba vinculado con un aumento del 5% en la memoria del trabajo, un incremento del 6% en la memoria del trabajo superior y una reducción del 1% en la falta de atención. Así consta en el artículo que publica la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Una parte de esta influencia de la naturaleza, argumenta el investigador, se explica con la disminución de contaminación del aire relacionada con el tráfico, que “representa entre el 20% y el 65% de las asociaciones estimadas entre los espacios verdes y el desarrollo cognitivo”. Hace tres meses, este mismo grupo publicó otro trabajo en la revista Plos Medicine en el que quedaba patente el vínculo entre los grados de contaminación y el nivel cognitivo.

Los espacios verdes tienen numerosos beneficios. Según Nieuwenhuijsen, incitan a la “actividad física, promueven el contacto social, ayudan a reducir el estrés… Cuando miras un parque el cerebro se relaja y esto influye en él”. En un estudio anterior, también del mismo equipo de expertos, ya se había visto la influencia que tienen las zonas verdes en el comportamiento de los niños, por ejemplo, ayudan a compartir más.

Este tipo de trabajos manifiestan que los parques, además de reducir la mortalidad cardiovascular, mejorar la salud mental, reducir los síntomas depresivos y el estrés o de tener un efecto positivo en el peso del bebé al nacer, también dejan huella en el cerebro y ayudan a los niños a desarrollar su intelecto. Dados los datos, los investigadores apoyan cualquier iniciativa que suponga introducir más árboles en las ciudades, sobre todo aquellas que, al igual que Barcelona o Madrid, tienen altos niveles de contaminación.

Teniendo en cuenta las crecientes tasas de urbanización mundial, la expansión de los espacios verdes en las escuelas podrían conducir a mejoras en el desarrollo cognitivo de los escolares que, en última instancia, pueden dar lugar a una ventaja en el capital mental de la población”, concluye Jordi Sunyer.

 

Fuente: “El Mundo”