Los alumnos de tercero de infantil asumían este fin de semana un nuevo reto: diseñar con la ayuda de sus padres un barquito velero. Para ello necesitaban  un poco de imaginación y… una nuez.

Después de observar qué objetos flotan y cuáles no, debían realizar una destreza de pensamiento: la predicción. ¿Qué diseños conseguirían flotar y cuáles, no?

El objetivo era enseñar a los niños a utilizar esta destreza y a que fueran capaces de utilizar su intuición, pensando, contrastando una información veraz y, a partir de ahí, llegar por sí mismos a unas conclusiones.